Visitas: 1.419Jueves 24 de Enero de 2019

Autorización para comercializar pieles de caimán aguja no afecta a población de estos reptiles en Santander cuyo hábitat está amenazado.

Así lo aclaró en Ecolecuá el director del Cabildo Verde de Sabana de Torres, James Murillo Osorio.

Dijo que el levantamiento de la veda hecho por Ministerio de Ambiente aplica únicamente en la ciénaga de Cispatá, en Córdoba.

"Allá están haciendo un trabajo de repoblamiento con la comunidad que antes los cazaba", destacó.

Sobre el debate que ha generado esta medida entre los ambientalistas, Murillo Osorio dijo que si bien hay que preguntarse si la piel de caimán aguja es una necesidad para los seres humanos, "también hay que cuestionar qué alternativa tienen las comunidades de la ciénaga de Cispatá para su supervivencia".

Y planteó: "¿Qué es preferible, ofrecer una alternativa de ingresos económicos a una población haciendo un aprovechamiento sostenible de esta especie que garantice su conservación o dejar que hagan cacería sin control de los caimanes o minería ilegal o depredación del medio ambiente?".

Sin embargo, advirtió que levantar la veda no es posible extenderla a otras regional del país, como Santander, porque aquí el caimán aguja "está amenazado, es una especie vulnerable".

El también llamado caretabla se encuentra en la región del Magdalena Medio "en todos los afluentes del río Magdalena como los ríos Carare, Opón, Sogamoso y Lebrija", especialmente en las áreas de las ciénagas "como Caño Peruétano, Llanito, La Colorada, Chucurí y Paredes".

En la reserva natural que tiene el Cabildo Verde en Sabana de Torres conservan un ejemplar que mide 3,25 metros y 170 kilos de peso (foto).

Entre la amenaza y el mito

Murillo osorio señaló como principales amenazas del caimán aguja en Santander la pérdida de su hábitat por extensión de las fronteras agrícola y pecuaria, la contaminación por aguas residuales y los drenajes para los monocultivos de palma.

Pero también hay comercialización de ejemplares y eso quedó en evidencia con la incautación que hizo, en enero de 2017, la Policía de Tránsito y Transporte en jurisdicción de Rionegro, en Santander.

Precisamente en la zona del Bajo Rionegro, este reptil se había convertido en un mito en la época de la violencia paramilitar.

Entre 1996 y 1999 montó allí su campamento el jefe de las Autodefensas Campesinas de Santander y del Sur del Cesar (Ausac), Guillermo Cristancho, más conocido como Camilo Morantes.

Este hombre que participó en la comisión de masacre del 16 de mayo de 1998 en Barrancabermeja, donde fueron asesinadas 32 personas por orden de los hermanos Castaño, tenía en el corregimiento de San Rafael de Lebrija un estanque infestado de caimanes que devoraban a sus víctimas.

En un libro que el cabecilla de las Auc, Julián Bolívar, le entregó a la Fiscalía, describe así una de las atrocidades de Camilo Morantes, según lo cita el sitio web verdadabierta.com: “Ni siquiera varios de sus hombres más cercanos pudieron escapar a las crueldades de este singular personaje, que según afirman en la región, acusaba un deleite morboso cuando él mismo amarraba a las víctimas para lanzarlas a un estanque infestado de cocodrilos que él mismo había dispuesto en una de sus fincas…".

Esos "cocodrilos" eran realmente caimanes aguja, aseguraron a Ecolecuá dos fuentes consultadas.

"Todo el mundo lo comentaba y eso era terrorífico", dijo a este medio un periodista que cubrió los hechos de la violencia paramilitar.

En octubre de 2017, un grupo de pescadores atrapó a un ejemplar de esta especie de 40 kilos de peso y 1,90 metros de longitud cuando deambulaba cerca al área urbana de ese corregimiento de San Rafael de Lebrija, donde hay casas cerca a la ribera del río Lebrija.

El grupo de fauna de la Corporación Autónoma Regional para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga (Cdmb) lo trasladó hasta la zona de reserva de las ciénagas de Papayal, donde fue liberado.

Foto: James Murillo - Cabildo Verde de Sabana de Torres / Ecolecuá