Visitas: 307Martes 09 de Febrero de 2021

Día del Periodista, ¿fecha para celebrar?

Por Lorenzo Lizarazo Duarte
Director de Ecolecuá
Este 9 de febrero se conmemora en Colombia el Día del Periodista en uno de los momentos más coyunturales para el ejercicio de este oficio. Oficio, sí, no profesión, porque, sin haberlo previsto, la Asamblea Nacional Constituyente de Colombia consagró hace 30 años que la libertad de expresión en este país debía ser un derecho universal.
Se anticiparon así los autores de la Constitución de 1991 a una realidad que habría de imponer el mundo digital tanto en el país como en el mundo: la función de comunicar sobre los hechos de interés público es un ejercicio de cualquier persona que disponga de un recurso tecnológico y una conexión a internet.
Y aunque hay quienes consideren que frente a este escenario sobran los periodistas y los medios de comunicación, esta cuarta revolución industrial, concepto que acuñara en su libro homónimo Klaus Schwab, es para los expertos en comunicación y periodismo una oportunidad y un reto para los periodistas.
Ivor Gaber, profesor de Periodismo de la Universidad de Sussex, en el Reino Unido, recuerda que "la desinformación ha existido siempre, a partir del momento en que se cobró conciencia de la influencia de los medios en la opinión pública" pero lo que sí es nuevo y preocupa es que "la desinformación se propague con una celeridad y amplitud inauditas por plataformas digitales como Google o Facebook".
Con ocasión de la actual pandemia de covid-19, quedó en evidencia el poder de confusión de los mensajes que desinforman, que se han viralizado más que la información que tiene sustento científico.
Expresiones de las informaciones falsas, informaciones trucadas, bulos, fake news, hoax o como se quiera llamar a este tipo de mensajes han sido el negacionismo del SARS-CoV-2, las teorías conspirativas sobre su origen y los tratamientos o "medicamentos" milagrosos como el dióxido de cloro, la ivermectina o la moringa.
El mismo Gaber destaca que estas informaciones falsas "contribuyen al mismo tiempo a reforzar considerablemente el papel del periodismo. Si hay alguien capaz de denunciar la información falsa, son precisamente los periodistas, los periodistas responsables evidentemente".
Y aunque reconoce que esos bulos son como una espina clavada en el pie de los profesionales, "a más largo plazo van a reforzar la legitimidad de su profesión y darles mayor peso en la sociedad".
Sin embargo, cada vez es menor el "ejército" de periodistas con espacios influyentes para detener esa bola de nieve en que se han convertido los fake news. La crisis económica y reducción de la nómina en los medios de comunicación tradicionales ha sido otro de los problemas críticos para el periodismo, como consecuencia de la cuarta revolución industrial, entendida en palabras de Schwab como "la combinación de sistemas digitales, físicos y biológicos para la transformación de la humanidad".
La creciente pérdida de la pauta publicitaria de la empresa privada ha vuelto más dependiente de la pauta oficial a medios tradicionales y a periodistas digitales y, así, son las oficinas de prensa y las fuentes de información de las entidades públicas las que suelen determinar la agenda informativa y "la verdad" que se debe transmitir al público.
La pandemia ha puesto aún más al periodismo de rodillas frente al poder, especialmente, frente al poder regional y local.
En departamentos y municipios es cada vez más evidente la pérdida de independencia de medios y periodistas. Hasta multiplican la propaganda oficial o de personajes públicos para contrarrestar las denuncias que otros medios o veedores publican.
La pauta oficial concedida a periodistas y medios ha sido usada con más ímpetu para acallar la publicación de los malos manejos de los recursos invertidos durante la pandemia con la cómoda figura de la urgencia manifiesta, que resultó ser el premio mayor de una lotería inesperada para tanto funcionario corrupto que es ordenador o gestor del gasto, justo en el primer año de sus cuatrienios.
Las entregas de prendas de bioseguridad o de insumos a los hospitales, que son actos obligatorios de las autoridades porque es su deber y son adquiridos con recursos públicos, son presentadas por las oficinas de prensa como actos de generosidad de los funcionarios públicos con la consecuente caja de resonancia en medios y redes sociales.
Grave daño ha hecho al periodismo colombiano considerarse "un cuarto poder" cuando en su esencia debe ser el contrapoder, no para enfrentarlo sino para fiscalizarlo.
"En cuanto el periodismo se ejerce como un poder, pierde su esencia y se convierte en otro más de los poderes que se disputan el control de la sociedad mediante el uso de la fuerza, del dinero o de las argucias de los políticos", advertía Javier Darío Restrepo, el gran periodista que tanto defendió y promovió la ética de este oficio en el país y en Latinoamérica.
Y si bien recordaba que el periodismo que dignifica la profesión es el que sirve a la parte más noble del ser humano y aporta a la vida de la sociedad, también advertía que el buen periodismo "no lo hacen ni los pasivos ni los resignados".
Ilustración: Cristo Saldago